18/08/2026
“El voluntariado me ha enseñado a mirar la sociedad con otros ojos” – Lali, voluntaria de Can Banús

Hay personas que llegan al voluntariado con la intención de ayudar y descubren, casi sin darse cuenta, que son ellas quienes acaban transformadas. Es el caso de Eulalia, o también llamada Lali, voluntaria de Can Banús desde hace dos años, quien resume su experiencia con una frase que condensa todo lo vivido:“Aquí he descubierto que las personas siempre tienen algo valioso que ofrecer”.
Eulalia, voluntaria de Can Banús, comparte cómo el acompañamiento, la escucha y el aprendizaje mutuo han transformado su manera de mirar la sociedad
Enfermera de profesión, y recién jubilada cuando conoció la Fundació Acollida i Esperança, Eulalia buscaba una forma de seguir activa y continuar aportando a la sociedad. Después de una intervención en las rodillas que limitó parte de su actividad física, decidió dedicar parte de su tiempo a un proyecto con impacto social. Una amiga le habló de Can Banús y, desde el primer momento, sintió que había encontrado un lugar donde podía contribuir desde la experiencia y la cercanía.

Una forma diferente de acompañar
Su primera colaboración estuvo vinculada a su trayectoria sanitaria. Comenzó impartiendo talleres de salud dirigidos a las personas residentes del centro, utilizando materiales didácticos, juegos y dinámicas participativas para trabajar aspectos como la adherencia a la medicación, el seguimiento médico, la higiene de manos o la salud sexual.
“Preparaba actividades para que entendieran por qué es importante tomarse la medicación o hacerse las analíticas. Siempre he sido muy didáctica y quería que aprendieran de una forma cercana y divertida”, recuerda Lali.

Con el tiempo, su voluntariado evolucionó hacia otro ámbito: la alfabetización. Sin embargo, pronto comprendió que aquellas clases iban mucho más allá de aprender vocabulario o gramática:
“Me di cuenta de que, además de aprender castellano, necesitaban sentirse importantes con su propia cultura. Les preguntaba cómo se decían las cosas en su país y sentía que no solo venían a aprender, sino también a expresarse y a ser escuchados”.
Descubrir el valor de cada persona
Ese acompañamiento le permitió conocer de cerca realidades marcadas por el duelo migratorio, la exclusión social, las adicciones, la diversidad sexual y de género o la soledad.
Para Eulalia, el voluntariado ha sido una oportunidad para comprender mejor a las personas y descubrir la fortaleza que muchas de ellas esconden tras situaciones muy difíciles.
“Me ha abierto un mundo. He aprendido muchísimo, por ejemplo, sobre personas trans, sobre procesos de recuperación, sobre cómo alguien puede rehacer su vida después de situaciones muy difíciles. Me ha enriquecido mucho más de lo que yo les he podido dar”.

Uno de los momentos más intensos fue el acompañamiento a una residente en un proceso de enfermedad terminal. “Fue una experiencia muy intensa e impactante”, afirma. Pero, paradójicamente, lo que más le ha marcado no ha sido un momento concreto, sino algo mucho más cotidiano: la capacidad de las personas para devolverle alegría incluso en sus propios días difíciles:
“Había días en los que venía aquí con el ánimo bajo por situaciones personales, y me iba muchísimo mejor de como había llegado. Me lo pasaba tan bien con ellos que salía contenta. Eso me impactó mucho”.
Una mirada de voluntariado que complementa el acompañamiento socioeducativo
Para Eulalia, el voluntariado aporta una perspectiva distinta dentro de un recurso residencial de Can Banús. Al no formar parte del equipo profesional, la relación que establece con las personas residentes es más cercana e informal, y a menudo permite que aparezcan conversaciones y preocupaciones que no siempre encuentran otros espacios.
“El voluntario puede recibir preocupaciones o necesidades que quizá no aparecen en otros espacios. Podemos ser un puente, una mirada complementaria”.

También recuerda con especial emoción su participación en el 30º aniversario de Can Banús. “Me encantó. Salí muy orgullosa de formar parte de este proyecto y de la celebración de Can Banús. Escuchar las historias, los testimonios y todo el recorrido de la entidad fue muy emocionante”.

Un voluntariado que transforma
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que está pensando en hacer voluntariado, su respuesta es clara: “Que no tenga miedo. Mucha gente piensa que será muy duro o muy triste, pero no es así. Vale muchísimo la pena”.
Eulalia cree que todavía existe un estigma alrededor de la exclusión social, el sinhogarismo o el VIH/sida, y que eso hace que muchas personas no se acerquen a proyectos como Can Banús. Sin embargo, insiste en que las diferencias entre quienes viven estas situaciones y el resto de la sociedad son, muchas veces, mucho más pequeñas de lo que imaginamos.
“Muchas de las cosas que les pasan a ellos también podrían pasarnos a nosotros. La diferencia es que nosotros hemos tenido otros apoyos, otras oportunidades o una red familiar detrás”.
Su experiencia como voluntaria se resume, finalmente, en una invitación a mirar más allá de los prejuicios y acercarse a las personas desde la empatía. Porque, como ella misma afirma, el voluntariado no solo transforma la vida de quienes reciben el acompañamiento; también cambia profundamente la de quien decide acompañar.