21/04/2026
Cómo el voluntariado en Itaca transformó la mirada de Ferran

El voluntariado no solo cambia la vida de las personas acompañadas. También transforma profundamente a quienes deciden implicarse. En el servicio de Itaca de la Fundación Acollida i Esperança, esta realidad se repite una y otra vez.
Ferran lo sabe bien. Su experiencia como voluntario en este piso de inclusión social le ha permitido descubrir una nueva forma de entender la exclusión social, el acompañamiento y el valor de las relaciones humanas.
El voluntariado en Itaca: mucho más que ayudar
En el día a día de Acollida i Esperança, proyectos como Itaca destacan por su impacto en la inclusión social de personas que han vivido situaciones de sinhogarismo o exclusión social severa. Los itinerarios de inserción, los pisos compartidos y el acompañamiento socioeducativo son fundamentales.
Sin embargo, existe una dimensión menos visible, pero igual de importante: la transformación personal que viven las personas voluntarias.

Para Ferran, formar parte de Itaca no ha significado “ayudar a personas vulnerables”. Su experiencia va mucho más allá. Habla de encuentro, de aprendizaje y de relaciones entre iguales. Cuando hablamos de acción social, solemos centrar nuestra atención en las personas atendidas. Sin embargo, el voluntariado no es una relación unidireccional.
En Itaca, el encuentro cotidiano entre residentes y voluntariado crea un espacio donde desaparecen las etiquetas, se cuestionan los prejuicios y nacen nuevas miradas.

Ferran lo explica con claridad: no entiende su papel como “el voluntario que ayuda” – recalca el voluntario-, sino como una “persona que comparte tiempo y experiencias con otras personas”.
Lo importante no son las categorías de “residente” o “voluntario”. Lo importante son los nombres propios, las historias de vida, las conversaciones y los vínculos que se construyen.
Este enfoque transforma completamente la experiencia. El voluntariado en Acollida i Esperança deja de ser únicamente asistencial para convertirse en una relación humana basada en la confianza, la igualdad y el acompañamiento.
La exclusión social no tiene una única historia
Uno de los aprendizajes más importantes para Ferran ha sido cuestionar el relato simplificado que a menudo existe sobre la exclusión social.
Con demasiada frecuencia, la sociedad piensa que quien vive una situación difícil “ha hecho algo mal” o “ha tomado malas decisiones”. Pero la realidad es mucho más compleja.
El piso de inclusión social Itaca demuestra cada día que detrás de cada situación hay circunstancias, rupturas, momentos críticos y trayectorias vitales muy distintas.

Ferran comparte con las personas residentes su propia historia, sus decisiones y sus momentos difíciles. Y reconoce que, en muchas ocasiones, la distancia entre una vida estable y una situación de exclusión puede depender de factores muy concretos.
Esta reflexión rompe la idea de que existen personas “exitosas” y personas “fracasadas”. Todos podemos atravesar momentos de fragilidad.
Por eso, el voluntariado en inclusión social no solo acompaña procesos personales: también ayuda a desmontar narrativas injustas y a construir una sociedad más empática.
La dignidad se construye en los pequeños gestos
En Itaca, la transformación no siempre llega a través de grandes cambios. Muchas veces aparece en los gestos más sencillos del día a día: compartir una comida, aceptar un café, conversar o escuchar sin juzgar.

Ferran destaca una idea especialmente importante:
“Permitir que las personas residentes también den. Aceptar su hospitalidad, su conversación y su cuidado. Porque la dignidad no se fortalece únicamente recibiendo apoyo, sino también teniendo la oportunidad de ofrecer algo al otro.”
Esta reciprocidad es una de las claves del modelo de Acollida i Esperança. Acompañar sin sustituir. Apoyar sin anular la capacidad propia de cada persona.
Cuando el vínculo se construye desde el respeto mutuo, todas las personas salen fortalecidas.
El voluntariado también cuida a quien cuida
Después de cada visita, Ferran vuelve a casa con la sensación de haber hecho lo correcto. No desde la grandilocuencia, sino desde la coherencia con sus valores. La satisfacción que encuentra no nace del reconocimiento externo, sino de la convicción de estar contribuyendo a una sociedad más justa y humana.
Por eso, Itaca no solo impulsa itinerarios de inclusión social para las personas que viven en sus pisos. También crea ciudadanía activa, compromiso social y nuevas formas de entender la convivencia.
Una comunidad construida desde la igualdad
Hablar de Itaca es hablar de acompañamiento, pero también de comunidad. Personas con trayectorias dispares comparten tiempo, experiencias y aprendizajes. Y en ese encuentro, todos cambian.
El voluntariado nos invita a mirar la inclusión social desde una dimensión menos técnica y más humana: la del encuentro transformador. Porque cuando el vínculo sustituye al prejuicio y la relación sustituye a la etiqueta, no solo se abren nuevas oportunidades para quien atraviesa una etapa desafiante. También se amplía la mirada de toda la comunidad.
Quizá ahí reside una de las mayores fortalezas de proyectos como Itaca: recordarnos que la inclusión no es solo un objetivo para algunas personas, sino una responsabilidad compartida.

¿Quieres ser voluntario/aria en Itaca?
El recurso de inclusión Itaca de Acollida i Esperança acompaña a personas en situación de vulnerabilidad y exclusión social. Pero para seguir construyendo oportunidades necesita nuevas personas voluntarias.
Si quieres dedicar parte de tu tiempo a crear vínculos, acompañar procesos y formar parte de una comunidad más justa, este puede ser tu momento.
Hazte voluntario en Itaca y descubre cómo ayudar también puede transformar tu propia mirada. También puedes colaborar con una donación para que más personas tengan acceso a un hogar, acompañamiento y nuevas oportunidades.